Sin embargo, en el fondo del asunto permanece una terrible realidad que las autoridades sanitarias y de salud de la entidad han tratado de olvidar, ocultar o por lo menos minimizar: los enormes daños que el agua contaminada que se suministra en la zona metropolitana de Guadalajara causa en la salud de los consumidores, y que en alguna medida deriva en los males renales que afectan a la población, además de que la zona de emergencia de males renales transita por el Río Santiago y llega a varias poblaciones de la rivera del Lago de Chapala.

 “Jalisco, entre otros logros, es el Estado que tiene un mayor número de trasplantes renales en el país. Recordemos que el trasplante renal es el que más se requiere en México y, de hecho, en todo el mundo. Jalisco, además, ha venido realizando cada vez más trasplantes renales, de origen cadavérico”, afirmó el Secretario de Salud estatal, Héctor Raúl Pérez Gómez.

Explicó el facultativo que se han realizado 88 trasplantes de riñón provenientes de donaciones de origen cadavérico, los cuales siguen creciendo gracias a la solidaridad de las familias y las personas que en vida expresaron su deseo de donar. 

EL MAL PROFUNDO

 Sin embargo, la fuerte del problema, por lo menos en Jalisco, sigue presente en forma cotidiana desde hace muchos años. De acuerdo con un estudio del Instituto de Limnología de la Universidad de Guadalajara (UdeG) que dio a conocer su director, Eduardo Juárez Carrillo, y publicado por el periódico La Jornada el jueves 27 de febrero del 2025, “el agua que llega a aproximadamente 65 por ciento de los hogares en la zona metropolitana de Guadalajara, es decir a unos 3 millones 445 mil personas, proviene del lago de Chapala y contiene toxinas de microalgas, perjudiciales para la vida acuática y que pueden representar un riesgo para la salud humana”. 

Todos tenemos claro que la crisis sanitaria que vivimos en la zona metropolitana de Guadalajara, por el agua tóxica y pestilente que suministra el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), tiene una peligrosa conectividad con la contaminación de las aguas del Río Santiago y del Lago de Chapala, pues los dos problemas son consecuencia del mismo origen: la decidia, irresponsabilidad y negligencia criminal de varias administraciones federales, estatales y municipales en la gestión de los recursos hídricos.

Lo que las autoridades de salud pretenden ignorar, ocultar o minimizar es que en Poncitlán, Jalisco, hay actualmente por lo menos 3 mil 400 niños en riesgo de padecer insuficiencia renal crónica y que una de las causas de esa enfermedad es el consumo y el contacto con el agua contaminada tanto del Río Santiago como del Lago de Chapala. Esta circunstancia determina que Jalisco supere a países como Estados Unidos, Japón o Singapur en la tasa de enfermedad renal crónica entre su población.

La información oficial también concluye que hasta marzo del 2025, las diversas instituciones hospitalarias de Jalisco tenía una lista de espera de 5 mil 800 personas que necesitaban de un transplante de riñón, de las cuales por lo menos 3 mil 800 vivían en la entidad. También, con corte hasta marzo del 2025, Jalisco ya era primer lugar mundial por el número de personas que necesitaban el tratamiento de diálisis en proporción de 664 pacientes por cada millón de habitantes.

EL MAL DE AÑOS

La enfermedad renal crónica es la pérdida permanente de las funciones de los riñones, que entre otras bondades filtran la sangre y eliminan los productos de desecho del metabolismo, mantienen el balance de líquidos y la secreción de hormonas. Cuando este órgano deja de funcionar es necesario llevar a cabo diálisis, hemodiálisis o trasplante de riñón, con el objetivo de eliminar las sustancias tóxicas y el exceso de líquido del organismo, que normalmente serían procesados por los riñones, advierte la Secretaría de Salud federal.

El jueves 21 de mayo del 2026, entrevistado por medios de comunicación, el alcalde de Poncitlán, Jalisco, Arturo Ascencio Gómez, reconoció que aunque se trata de un problema multifactorial en que confluyen la contaminación del Río Santiago, las aguas que se utilizan en las cosechas y la mala alimentación, hay en su municipio alrededor de 3 mil 400 menores que sufren de problemas renales, que podrían derivar en insuficiencia renal crónica. Y como paliativo, explicó que en conjunto con el Gobierno del Estado, se otorgan despensas orgánicas, libres de químicos, a las familias que cuentan con un menor con esta condición.

Esta historia de desgracias se han escrito desde hace muchos años. Una nota publicada por el periódico El Informador el 10 de marzo del 2017 señala que “el Estado de Jalisco tiene el primer lugar mundial en tasa de trasplantes renales realizados, de acuerdo con el reporte 2016 del United States Renal Data System (USRDS)”.

Y explica: “El año pasado se realizaron 60 trasplantes por cada millón de habitantes en Jalisco, lo que coloca a la Entidad y a México por encima de Holanda, España y Estados Unidos, quienes registraron tasas de 59, 57 y 57 trasplantes por millón de habitantes, respectivamente”.

Veamos una documentada crónica de la reportera Diana Barajas, publicada por el diario Milenio el 13 de enero del 2020, que advierte: “San Pedro Itzicán es una localidad del municipio ribereño de Poncitlán. Con tan solo 5 mil 199 habitantes y, de acuerdo con el Sistema de Datos Renales de Estados Unidos, es la población con la tasa más alta del mundo de enfermos renales. Ahí, cada calle, cada casa, cada familia conoce por lo menos a una persona con enfermedad renal. Los pobladores saben que en San Pedro Itzicán la gente lucha contra este padecimiento durante años, y en la mayoría de los casos muere a causa del mismo”. 

Felipe Lozano Kastens, profesor investigador de la Universidad de Guadalajara realizó pruebas de orina y sangre a los pobladores y detectó la presencia de pesticidas y metales pesados como mercurio y tungsteno, este último es utilizado por las industrias. “Es un metal que no existe en México pero que no se ha reportado como tóxico. Ese metal es para producir herramienta de corte, para producir blindados, alas de avión, se funde a tres mil y pico grados, entonces hay metales que no debían tener, hay pesticidas que no debían tener”, señaló el investigador en la información publicada por el diario Milenio el 13 de enero del 2020. 

Las dimensiones del problema también se reflejan en la nota publicada por la reportera Elizabeth Ortiz, de medios de la Universidad de Guadalajara, el 16 de septiembre del 2021: “Jalisco rebasa a países como Estados Unidos, Japón o Singapur por la tasa de enfermedad renal crónica terminal con tratamiento. O sea, sin contar a las personas que no alcanzaron diálisis o trasplante. El Sistema de Datos Renales de Estados Unidos indica que, de 2003 a 2018, la incidencia se duplicó en Jalisco al pasar de 280 a 594 pacientes por millón de habitantes”.

Esta crisis de salud pública es analizada en una información publicada por el diario La Jornada, firmada por el reportero Juan Carlos G. Partida, el lunes 17 de enero del 2022, que advierte: “Estudios multidisciplinarios comprobaron que el epicentro de las enfermedades renales en México (que ocupa el segundo lugar mundial en este tipo de padecimientos) se localiza en varias de las rancherías más marginadas de Poncitlán, en la ribera del lago de Chapala, donde a la pobreza y altas tasas de natalidad se suman el abandono de todos los niveles de gobierno, la contaminación del agua y el uso de agroquímicos como glifosato, entre otras variables”.

De acuerdo con un estudio del Instituto de Limnología de la Universidad de Guadalajara (UdeG) que dio a conocer su director, Eduardo Juárez Carrillo, y publicado por el periódico La Jornada el jueves 27 de febrero del 2025, “el agua que llega a aproximadamente 65 por ciento de los hogares en la zona metropolitana de Guadalajara, es decir a unas 3 millones 445 mil personas, proviene del lago de Chapala y contiene toxinas de microalgas, perjudiciales para la vida acuática y que pueden representar un riesgo para la salud humana”. 

Las microcistinas, detalló Juárez Carrillo, son toxinas que causan daño hepático y renal, alteraciones gastrointestinales, reacciones alérgicas, así como cambios al citoesqueleto que a su vez derivan en daños al ADN, con especial vulnerabilidad para mujeres en periodo de lactancia, personas con enfermedades hepáticas o que reciben tratamiento de diálisis, y adultos mayores.

El 13 de marzo del 2025, Telediario de Guadalajara publicó en su plataforma digital que “en México, 12 millones de personas padecen enfermedad renal, y Jalisco no es la excepción. Actualmente, el estado tiene una lista de espera de 5 mil 800 personas que necesitan un trasplante de riñón, de las cuales 3,800 son pacientes locales. De estos, el 5% son niños, según informó el secretario de Salud de Jalisco, Héctor Raúl Pérez Gómez”. 

La crisis por el agua tóxica y pestilente que reciben lo habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara es un problema muy grave de salud pública, que va más allá de las contrariedades naturales que impiden a la gente bañarse, cocinar, lavar su ropa o asear sus hogares. Estamos en una verdadera crisis sanitaria de dimensiones enormes.